Responsabilidad de las OSC - Una contribución para las “discusiones en línea” , La Red Árabe de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo
Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) desempeñan un papel cada vez más importante en la formulación de políticas. Si bien estas organizaciones representan los intereses de diversos grupos de la sociedad, el papel más significativo que desempeñan respecto a la formulación de políticas plantea múltiples desafíos, sobre todo en lo que respecta a su rendición de cuentas.
El documento conceptual que y se ha distribuido tiene como objetivo iniciar la discusión sobre la responsabilidad de las organizaciones de la sociedad civil. El documento es integral y trata de forma apropiada las cuestiones principales sobre el tema. Sin embargo, es importante señalar que las organizaciones de la sociedad civil de la región árabe enfrentan una serie de desafíos adicionales que afectan su responsabilidad. En esta breve reflexión deseo abordar tres de estos desafíos:
1- La naturaleza de los Estados en la mayoría de los países árabes es autoritaria. El Estado limita el espacio de las organizaciones de la sociedad civil y las priva de algunos de los derechos fundamentales, incluido el derecho a existir de manera independiente.
Es evidente que la libertad de asociación es muy restringida y limitada, sobre todo en relación con determinados tipos de asociaciones. No obstante, a las organizaciones relacionadas con la beneficencia, la filantropía y las cuestiones sociales por lo general se les permite realizar su trabajo. Además, la libertad de expresión y el derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas están muy restringidos. Por consiguiente, las organizaciones de la sociedad civil de la región están limitadas a los proveedores de servicios que no tienen injerencia en las políticas públicas ni en los procesos de formulación de políticas.
En resumen, a las organizaciones de la sociedad civil que se les permite existir y realizar sus operaciones son las que prestan servicios y las que tienen una mayor afiliación política con el gobierno
No obstante, hay algunas organizaciones de la sociedad civil que tratan de expresar opiniones y perspectivas diferentes, así como de luchar por la defensa de los derechos humanos o de otros derechos específicos. Estas organizaciones por lo general realizan sus operaciones de manera indirecta o desde el extranjero. Si bien es cierto que estas organizaciones tienden a ocultar sus intenciones de procurar cambios políticos, esta estrategia puede de hecho producir cambios en este ámbito a largo plazo en el sentido de que se pueden llegar a obtener beneficios graduales y cada vez mayores. Sin embargo, a muchas de estas organizaciones se les señala el hecho de estar afiliadas a “agendas extranjeras” y se les cuestiona en gran medida su legitimidad debido a las connotaciones negativas asociadas con tales afiliaciones.
En efecto, el Oriente Medio enfrenta una serie de desafíos extranjeros que difieren de los desafíos clásicos o tradicionales y que suelen estar relacionados con el fenómeno de la globalización. Los habitantes de la región están luchando contra las tendencias hegemónicas de las potencias mundiales que pretenden controlar los recursos naturales de forma directa y por medio de intervenciones extranjeras, sobre todo el gas y el petróleo. Estas intervenciones tienen varias dimensiones, entre ellas la dimensión política, económica, social, cultural e incluso militar. Las ocupaciones extranjeras se deben analizar desde esta última perspectiva, ya que éstas contribuyen de manera significativa a la desestabilización de la región, al aumento de las tensiones y al deterioro de todo el contexto geopolítico.
Un aspecto que genera mayores desafíos para las organizaciones de la sociedad civil es cuando se percibe que estas organizaciones han adoptado una agenda extranjera por estar ubicadas en el exterior o por recibir apoyo extranjero. Por una parte, esta situación afecta de forma directa la credibilidad de las organizaciones entre los ciudadanos, y por otra parte, contribuye a infundir entre los ciudadanos la percepción de que tales organizaciones apoyan el programa de trabajo del gobierno.
Esta conclusión nos conduce al segundo punto que está relacionado con las fuentes de financiamiento.
2- La mayoría de las donaciones en la región se encuentran dentro del ámbito de la beneficencia (Zakat y Khoms), lo cual significa que sus beneficiarios son a menudo organizaciones proveedoras de servicios. Los beneficiarios pueden ser del sector filantrópico, de organizaciones fundamentadas en la fe, o simplemente del sector tradicional.
Es evidente que estas organizaciones de la sociedad civil no propugnan el cambio de políticas. Por lo tanto, a las organizaciones defensoras de intereses les resulta difícil obtener fondos de los donantes locales. De forma alternativa, estas organizaciones reciben financiamiento de otros donantes, sobre todo extranjeros. Por consiguiente, los gobiernos y los ciudadanos reprueban el hecho de que sus acciones giren en torno a agendas extranjeras, en particular la agenda de sus propios donantes.
El comportamiento de los donantes justifica esta percepción, sobre todo porque éstos a menudo imponen a las organizaciones la condicionalidad respecto a las políticas. Asimismo, los donantes extranjeros con frecuencia imponen sus prioridades y su propio programa de trabajo según lo que ellos consideran más relevante. En efecto, estos programas de trabajo no necesariamente satisfacen necesidades reales ni responden a los verdaderos desafíos ni a las prioridades locales.
Por lo tanto, la percepción que tienen los grupos de interés locales de las organizaciones de la sociedad civil está afectando en gran medida la credibilidad de las mismas.
3- La mayoría de las organizaciones de la sociedad civil de la región carecen de experiencia significativa. Esta situación se debe en parte a la falta de libertad, y por lo tanto, al limitado espacio que tienen para asegurar su existencia independiente, lo cual les impide acumular experiencia en su ámbito de acción. Sin embargo, esta situación también se debe a la naturaleza clásica y tradicional de las propias organizaciones. Como se mencionó anteriormente, cabe señalar que la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil son proveedores de servicios que se desempeñan principalmente en el ámbito de la beneficencia, la filantropía y el voluntariado, lo cual significa que por lo general carecen de una estructura institucional desarrollada y pertinente. Su gestión interna depende en esencia de la buena disposición y de la intención de servir a la sociedad y de beneficiar a las personas más necesitadas. Asimismo, estas organizaciones a menudo son dirigidas por figuras públicas y líderes comunitarios, lo cual constituye uno de los factores que más contribuyen a socavar el papel que desempeñan estas organizaciones en la sociedad. Sin embargo, las buenas intenciones no generan los criterios ni las condiciones necesarias para promover el desarrollo adecuado de la capacidad institucional ni para fomentar la buena gobernanza basada en la transparencia, la responsabilidad y la rendición de cuentas.
Más importante aún es el hecho de que estos modelos de organizaciones de la sociedad civil a menudo carecen de una visión y misión propias. Cuando se prestan servicios sin procurar cambios en las políticas públicas no se remedian las causas primordiales de los problemas, sino que tan solo se consideran sus consecuencias. Estas limitaciones afectan la credibilidad y la rendición de cuentas de las organizaciones.
Las tres observaciones anteriores contribuyen a infundir la percepción en la sociedad de que las OSC carecen de legitimidad respecto a uno de los principios fundamentales de la responsabilidad, como lo es la “participación”. No obstante, esta percepción puede plantear un desafío para las organizaciones de la sociedad civil de manera que éstas reaccionen y procuren cambiar esta percepción. En medio de esta realidad, las OSC deben aumentar y mejorar las herramientas que les permita realizar procesos más amplios de consulta con sus grupos de interés y continuar luchando por tener una perspectiva autónoma y convincente, lo cual contribuiría a recuperar su autonomía y a restablecer su credibilidad.
Por consiguiente, es esencial que las organizaciones de la sociedad civil respeten los principios de la buena gobernanza, la transparencia, la autoevaluación periódica y la consulta permanente para cumplir con la rendición de cuentas y asegurar su legitimidad y credibilidad.
Asimismo, la mayoría de los regímenes de la región son muy restrictivos. Cuando deciden brindar el espacio a unas cuantas organizaciones de su propia elección, los regímenes no sólo conocen muy bien a esas organizaciones, sino que limitan la cantidad de organizaciones y les permiten actuar de una manera muy restringida y controlada. Esto significa que los gobiernos a veces inventan nuevos mecanismos para limitar la libertad y la independencia de las organizaciones de la sociedad civil, lo cual pone a estas organizaciones y a otros miembros de la sociedad civil en una situación de vulnerabilidad.
Por consiguiente, la adopción del código de ética o de conducta respectivo puede ser utilizada como medio para ejercer más presión sobre las organizaciones de la sociedad civil e imponerles más restricciones. No obstante, esta situación no significa que debamos rechazar del todo estas importantes herramientas, pero sí debe hacernos reflexionar para confirmar el hecho de que, cuando existan tales instrumentos, éstos no sean utilizados por los gobiernos como medios para restringir aún más la capacidad que tengan las organizaciones de la sociedad civil para actuar con plena libertad.
Todo parece indicar que no existe credibilidad en las organizaciones de la sociedad civil, lo cual pone en evidencia la ingente necesidad de procurar una mayor transparencia y rendición de cuentas. Las organizaciones deben reducir los riesgos y protegerse cada vez más por medio de la aplicación de buenas prácticas.
Asimismo, los organismos donantes deben respetar la independencia de las OSC locales, para lo cual deben promover las relaciones basadas en los principios fundamentales de asociación y en la igualdad de oportunidades. Si bien los donantes deben realizar auditorías para determinar la forma en que se invierten sus fondos, esto no significa que tengan derecho a interferir en la definición de los objetivos y las estrategias de las organizaciones.
Hay muchos ejemplos específicos que revelan la tendencia que tienen los donantes a intervenir en la labor de las organizaciones de la sociedad civil. Por lo tanto, resulta siempre conveniente revisar los principios, la visión y la misión de las organizaciones y velar por que éstos no se vean afectados de manera negativa por la interferencia de los donantes de manera que las organizaciones puedan satisfacer las necesidades locales con mayor eficacia.
