Estado: En proceso de diseño
Herramientas de recopilación de datos, privacidad y derechos humanos
Introducción
El progreso tecnológico genera tanto esperanza como incertidumbre. Aunque uno de los principales temas del presente proyecto es la incertidumbre que surge en torno al tema de la privacidad, es importante aclarar que el concepto de la “privacidad” se suele comprender de manera errónea. La privacidad se ha concebido de manera equívoca como el “derecho del individuo a actuar en plena libertad y en paz”, en particular, sin la intervención del gobierno. Sin embargo, al menos en la tradición occidental, la privacidad constituye la base de la autonomía personal, la cual a su vez permite el acceso al ámbito público. Las personas participan en primera instancia como particulares en la dinámica de la sociedad, del trabajo, de la cultura, en el gobierno y en las actividades políticas. Es así como la idea de la “privacidad” ha desempeñado una función primordial en la organización de la sociedad de la cual surgieron los derechos civiles y humanos. La noción tradicional del “derecho a la privacidad” (la cual es mucho más reciente que la privacidad misma) no toma en cuenta que la privacidad es una condición esencial para poder tener acceso a los demás derechos y para poder participar en la dinámica de la sociedad moderna. Dentro de este contexto, se puede decir que la preocupación que existe actualmente en torno a la privacidad se debe en parte a la incertidumbre que hay con respecto a los límites de la autonomía personal, los cuales cambian con mucha frecuencia.
Las tecnologías de la información aumentan y disminuyen el control que tienen los individuos sobre los límites del ámbito privado. Por una parte, estas tecnologías incrementan la privacidad porque ofrecen nuevos medios para delimitar el ámbito personal, para crear y proyectar la identidad personal, así como participar en el ámbito público y asociarse con otras personas. Los teléfonos móviles, las cuentas bancarias y los sitios electrónicos personales administran datos que permiten a las personas proyectarse en el ámbito público, utilizando a su vez nombres de usuario y contraseñas para delimitar su espacio privado. Por otra parte, la tecnología se aprovecha en muchas otras áreas, como por ejemplo en el sector de la salud, donde se mantienen bases de datos que permiten utilizar la información para aumentar la longevidad y curar las enfermedades, o para reforzar los sistemas de seguridad, entre otros aspectos. Todas estas innovaciones pueden aumentar de manera significativa la capacidad de los individuos de actuar en forma autónoma.
Por otra parte, los avances tecnológicos pueden menoscabar la autonomía personal tal y como se la concibe tradicionalmente. Los particulares no administran ni son los propietarios de las tecnologías de que dependen cada vez con mayor frecuencia. Por lo tanto, se puede decir que la privacidad personal se ve amenazada o que se percibe que está siendo amenazada de cuatro maneras. En primer lugar, la arquitectura de los datos y de los sistemas de comunicaciones clasifica a los individuos y sus atributos en formas novedosas y predeterminadas. Esta clasificación se hace con fines funcionales que reconfiguran la identidad personal de forma tal que ésta pueda ser a menudo creada y administrada por terceras partes, y muy pocas veces por la misma persona. En segundo lugar, los sistemas actuales de información son tan avanzados y complejos que resulta difícil para los usuarios comprender su manejo o funcionamiento y saber qué tipo de información es recabada por terceros, quién tiene acceso a ella, y cómo se controla su acceso y su uso. En tercer lugar, la revolución de las tecnologías de la información ha provocado también la transferencia del manejo de infraestructuras públicas a manos privadas. En el pasado, los individuos confiaban aunque de manera cautelosa la protección de sus espacios de privacidad al gobierno y a sus entidades (la policía, los servicios postales y de telecomunicaciones). Actualmente existe confusión entre las personas con respecto a si es el sector privado el que debe velar por la seguridad de su información personal ante el Estado, o viceversa. En cuarto lugar, las salvaguardias que comúnmente se han utilizado para controlar las acciones del gobierno suelen resultar inefectivas en un mundo donde los flujos de datos parecen no reconocer las jurisdicciones nacionales.
Es por estas razones que el tema de la privacidad no puede pasar inadvertido en un proyecto del Consejo sobre tecnologías de recolección de datos. No obstante, por encontrarse el proyecto en su etapa preliminar, no se puede hacer más que aclarar cuáles son los aspectos que no se abordarán en el estudio. El proyecto no se enfocará en las normas de protección de datos por ser este uno de los temas principales relacionados con la regulación de la privacidad que ya es objeto de amplio estudio. Asimismo, el proyecto no participará del anquilosado debate sobre el derecho de la privacidad en el cual se dota al individuo con una superautonomía artificial y se lo contrapone a un Estado invasivo y opresivo. Los fundamentos de este debate suelen generar confusión e incongruencia. Por último, cabe mencionar que el proyecto no ha sido concebido para elogiar la tecnología como una fuente de meras bondades, pues es un hecho que la expansión de la tecnología de la información genera también incertidumbre y temores importantes que se deben tomar en cuenta y analizar a cabalidad.
No obstante, el estudio abre un espacio importante para profundizar en el tema y despejar las dudas que surjan sobre él. El Consejo puede contribuir a determinar cuáles son los enfoques más adecuados para analizar las cuestiones relacionadas con la tecnología y la privacidad, siempre que se parta de inquietudes reales que tengan relación con los derechos humanos. En su esfuerzo por cumplir con su mandato de fomentar el análisis y el pensamiento de cara al futuro, este proyecto se enfocará en los valores de los derechos humanos con el fin de revitalizar el concepto de la privacidad y de aclarar la compleja relación que éste guarda con los derechos humanos y con los avances tecnológicos, de manera que se puedan proponer acciones concretas que permitan abordar de manera efectiva la incertidumbre que surge de esta relación. El Consejo está dispuesto a analizar la amplia gama de cuestiones relacionadas con la privacidad y los derechos humanos, sobre todo en un momento en que estos conceptos fundamentales parecen ser objeto de una gran perplejidad provocada por el desarrollo tecnológico. El proyecto pretende aclarar parte de la confusión que persiste en torno a la autonomía y la privacidad como parte del esfuerzo por evitar que la incertidumbre menoscabe valores que son tan importantes para la sociedad y el Estado ocultándolos detrás de conceptos que no son ni realistas ni realizables.
